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domingo, 13 de marzo de 2022

Roleando para peques I. Preludio.

Bien, seguro que este es un post sorpresa de esos que nadie se espera. Aunque bueno, después de tanto tiempo escribiendo de pascuas a ramos, supongo que ya nadie se espera un post. Así, a secas...

 


Pues sí. No solo escribo sino que además voy a explicar una cosa curiosa. De hecho, la iré narrando conforme se vaya desarrollando. Porque, para mi sorpresa, parece que la idea ha cuajado. Vaya si lo ha hecho...

Digamos que he comenzado una partida de rol con los calabacines de casa. Hasta ahí nada misterioso ni tampoco nada vuevo, ya había utilizado una versión sencilla y kid-friendly de D&D (Dungeons and Dragons, los Dragones y Mazmorras de rol de toda la vida de Tiamat) para introducir el tipo de juego con los peques, juraría que el verano pasado. Les gustó mucho, disfrutaron como bestias mientras sus personajes, unos chiquillos de un pueblo medieval fantástico tenían que vencer a unas extrañas criaturas para probar su valía y ser dignos de convertirse en los nuevos aprendices de los héroes del pueblo. Un poco Willow este comienzo, pero para ellos les valió.

Peliculón. Se nota la mano del tito Lucas ahí.
 

Cerramos la partida en dos sesiones, vencieron a las bestias, se convirtieron en los nuevos aprendices de los héroes de marras y me pidieron volver a jugar. Ahí es donde yo comencé a rebuscar por la red opciones para jugar con peques a juegos de rol de fantasía. Muchas opciones (los roleros de la época ya tenemos una edad y muchos incluso descendencia) pero al final me decanté por Magissa.

Foto del imprescindible blog Padresfrikis.com

 

¿Porqué Magissa? Bueno, es cierto que hay muchos sistemas adecuados, pero este me pareció correcto por el tipo de mecánicas de juego que plantea, adaptables a la edad y la experiencia y que pueden irse desbloqueando en el momento adecuado. Y también por el universo que presenta, un planteamiento del mundo muy interesante y puede tener muchas ramificaciones curiosísimas. Digamos que en el mundo de Magissa gracias a que una niñita llamada Pandora ha metido la mano en el jarro maldito equivocado, los adultos han desaparecidom dejando a los niños a cargo de todo. 

En la partida que comencé a preparar, quise aprovechar la estética y el trasfondo de mundos de fantasía que ya conocen, para hacerlo un poco menos áspero de entrar. Entre otras cosas (tendré que poner monturas a lo Golden Axe, eso lo tengo claro) como les pica mucho el tema de la mitología, digamos que he cambiado el jarro por una urna con los restos de la cabeza cercenada de Medusa. Un detallito un poco fantástico-gore, pero que les gustará y que al mismo tiempo me permitirá "tranquilizar" un punto a los enanos, haciendo que los aduntos en la história no desaparezcan (¿muertos? ¿desintegrados? ¿raptados?) sino que los abundantes eflubios en descomposición de la cabeza los han convertido en estátuas de piedra. Temporalmente, tranquilos. Encontrarian pistas para iniciar una aventura salvadora de padres que riete tú de Marco y su mono.

Ganazas que tengo de enseñarles la obra del gran Ray Harryhausen
 

Lo tenia todo preparado. Tenía libritos de mapas listos. Habia conseguido miniaturas de niños arquetípicos para jugar con ellos; algo que, por cierto, no es nada fácil. Goblins graciosetes de Pathfinder. Algo de esceongrafía, los dados, todo. Iban a fliparlo.

Y total, va y me piden jugara a un juego de investigación y misterio.

Tocate los cojones...

Que sí, podría haberle metido más investigación y misterio a la crónica de Magissa, pero no es eso lo que me pedían. Ya se yo de dónde sopla el viento:

 
Creo que ya había comentado por aquí la fascinación que tenian los peques por este juego. De hecho no es más que un bootleg del Cluedo, "adaptado" por Cefa hace ya la tira de años y que teníamos por casa. Les gusta y mucho y hemos pasado tardes enteras (ay...) persiguiendo al misterioso monstruo asesino por la mansión. Y ellos querían jugar a rol a algo así.
 
Vaaaaaleeeee. No pasa nada, ya usaremos el setting de fantasía en otro momento, ya vereis. Pero como se dice habitualmente, ¿no querías caldo? Pues toma tres tazas.

¿Qué? Investigación, misterio y monstruos. Más claro el agua. 

Así que conforme vayamos desarrollando la partida iré escribiendo acerca de ella. Tanto de la historia en sí (no he perdido mis dotes de máster improvisador) como de las reacciones de los calabacines en la partida. Ya os adelanto que estas reacciones han sido MUY positivas, hasta el punto que me persiguen por casa preguntándome cuando podremos volver a jugar a la partida.

Y yo, claro, inflado de orgullo. Cómo no.

Así pues, el próximo día os explicaré quién llamó con ímpetu a la puerta del despacho de la investigadora privada Elaia cuando estaba tomando el té de las 5 tranquilamente con sus amigos, el militar Álex y el veterinario Angus.

Espero que os guste por lo menos la mitad de lo que les parece estar gustando a ellos. 

Nos vemos pronto.





domingo, 7 de abril de 2019

Partida: Colonos de Catán

El pasado domingo por la tarde volvimos a sentarnos todos en la masa para jugar a un juego de mesa. Domingo por la tarde, niños inquietos, tele clausurada, ningún plan a la vista. Así que la decisión fue fácil, fui a mi habitación y acabé escogiendo un clásico del que ya he explicado en algún otro post mi relación con él: Los Colonos de Catán.


Como se la regalé a la Sra. Lantern hace un porrón de años, mi edición es la primera que salió en castellano. De ahí que yo lo llame Colonos (la primera versión a la que jugué, una noche de San Juan, era la versión Alemana, Die Siedler von Catan) y no Descubridores. Esta es la edición de Kosmos, la editorial original, antes de que los derechos pasasen a Devir. Algo que, por cierto, me (nos) puteó bastante, porque no salieron las expansiones de Kosmos antes de este cambio, y Devir hizo el juego con formato de cartas diferente, incluso del tamaño y dibujos de las cartas, y con fichas sin gracia de plástico en vez de las artesanales de madera. Con lo que las expansiones que hay a la venta no son compatibles con el juego que tenemos en casa. Casonlóspedrer....

En fin, a lo que iba. Sacamos el juego, montamos el tablero básico y explicamos las reglas a los peques. Al principio reaccionaron como un adulto: está muy bien esto que me explicas pero cuando lo vea ya en la partida lo entenderé del todo. Así que comenzamos.

Situación de salida

A destacar que decidieron jugar a su manera. Calabacilla#2, gran admirador de la caballería medieval en todo tipo de medios, decidió pasar de toda otra actuación que no fuese comprar cartas de desarrollo para tener cuantos más caballeros mejor, lo que le valió una temprana carta (y 2 puntos) del ejército más grande. Su hermana mayor decidió seguirlo en su empeño, aunque no le alcanzó. Mientras tanto, la Sra. Lantern tuvo un pequeño lapsus e intentó enseñar a los niños a jugar de una manera estándar (competitiva) cuando en realidad, en opinión de un servidor, que en su primera partida se dedicasen a buscar cambios como desesperados para conseguir la piedra, el trigo y la oveja necesaria para la nueva investigación es una auténtica pasada para su edad y muestra una visión estratégica de "su juego" alucinante. Su primera partida, recordad. 4 y 6 años. 

Me robó mis fichas rojas, pero cuando vi que las ordenaba como el maniático
de su padre, se lo perdoné todo... snif...

No todos lo veíamos así. La Sra. Lantern, a la que al hacerle un hueco para que entrara en la partida cuando ya nos habíamos situado todos, decidió centrar sus esfuerzos en... bueno... reforzar la visión de puteo del juego para los niños (¡!), poniéndome como conejillo de indias para tal encomiable tarea. Así pues, se oyeron lindezas como:

"Si pones el ladrón aquí, no molestas a nadie y puedes robarle a papá"

"Mira, si lo que realmente quieres es ponerle el ladrón a papá, entonces..."

Al final la partida se alargó más de lo previsto y acabamos recogiendo de golpe, para cenar algo rápido y embutir a los peques en la cama, que el día siguiente tenían colegio. Aun así, una partidaza divertida y, espero, también educativa. Por lo menos a la hora de convertir un juego en tu juego, eso seguro. Y en putear a su padre, eso también, gracias a mi señora esposa...

Veo que alguien quiere guerra. Voy a tener que volver a sacar el Ciudadelas.

lunes, 4 de marzo de 2019

Masters of the Universe, 3D action game

Justo el post anterior a este explicaba como había conseguido en un lote de merchandising de los Masters del Universo un juego de mesa al que hacía algún tiempo que le había echado el ojo. Y uno, dinero no tendrá mucho, muchas virtudes tampoco, pero paciencia, lo que se dice paciencia... tampoco. Pero tengo suerte. Y memoria.

Pues eso. Que cuando me llegó el juego de marras me faltó tiempo para sacarlo a la mesa de casa y probarlo con mis calabacillos. Porque seamos sinceros, a mi grupo de juego habitual (¿hola? ¡hoooolaaaa!) no es el perfil de juego que pueda sacarles a la mesa, la verdad. Es un juego del año 198X, pensado para niños, en concreto fanáticos de los Masters. Así que lo jugué yo con los que se pasan el santo día pidiéndome que les saque mis muñecos de las vitrinas para jugar un rato con ellos. (Spoiler: Sí, se los dejo, siempre que respeten dos reglas: se han de tratar con cuidado y son solo para la gente de casa. Nada de llevárselos al cole ni dejárselos a nadie. Por si acaso)


El juego es poco más que un juego de la oca (algunas casillas te frenan, otras te transportan, te hacen ir hacia atrás, etc), con toques del stairs & ladders (¿escaleras y toboganes, se llamaba en castellano? juraría haber jugado a uno de pequeño que tenía serpientes y no toboganes...) en forma de una bandeja de plástico transparente que está encima del tablero y que al caer en determinadas casillas hace que gire 90º en el sentido de las agujas del reloj, para exaltación de los enanos y desesperación de los padres, que ven como ese juego puede volverse eterno, dejándote de nuevo al inicio del tablero cada dos por tres. Pero como los dibujos son del estilo de los primeros mini-comics (los que venían con las figuras) pues por lo menos es agradable de ver.


Por cierto, este es el famoso efecto 3D del juego... es decir, que es un 2D de libro. Pero bueno, estoy seguro que el público potencial de la época no era muy estricto con la geometría...

A partir de allí, poca cosa más. Tiene seis personajes clásicos de los Masters para jugar con ellos (He-Man, Man-at-arms, Teela, Skeletor, Mer-Man y Beast-Man), tres buenos y tres malos, que si coinciden unos y otros en la misma casilla se "pegan" y el que pierde... ¿lo adivináis? Sí, vuelve a la casilla de inicio. Lo dicho, el "infienno".


Hay también una ruleta que indica el numero de casillas que puedes avanzar, de 1 a 4. Supongo que el juego pilló los último coletazos de la época de la crisis del petroleo y poner dados hubiese encarecido mucho el producto. Esto, por si no lo sabíais, pasó con muchos juegos de finales de los 70 y principios de los 80. 


O no, y la ruleta es otro de esos "efectos 3D", claro.

Que puedo decir. El coleccionismo tiene estas cosas. En su momento seguro que era la repera, pero ahora mismo es una agonía jugarlo. Pero a los enanos, los vuelve locos. Menos mal que hay donde elegir y parece que el Carcassone les ha caído en gracia, que si no... 

¿He-Man a punto de acabar? Aguántame el cubata...

Dos pasadas por casillas "3D" y nada, situación invertida
Pues eso. Artículo interesante de coleccionista. Juegazo para mis peques. Tostón para los jugones profesionales. Pero, ey, que es de los Masters... :)

domingo, 24 de febrero de 2019

Partida: Carcassone

Otra entrada rapidita. El domingo pasado los peques estaban especialmente revolucionados y convenía calmarlos un poco. A la que propusieron jugar a un juego de mesa convino salir rápido al paso: estarían concentrados, quietos alrededor de la mesa y se lo pasarían bien, así que la ocasión la pintaban calva.

Por otro lado, de repente tenía que sacar un juego a la mesa rápido, sin tener dudas de reglas ni tiempo para consultarlas. Así que tiré por un clásico. De hecho, quitando al Colonos de Catán, es el clásico por excelencia, el Carcassone.


Carcassone es uno de los primeros juegos que jugué, probablemente el juego al que más partidas haya hecho en mi vida lúdica y creo que solo dejé de jugar a él cuando las expansiones se volvieron absurdas. En serio, la de la catapulta era para quemar el juego. Como poco. 

Tal era el nivel de aceptación del juego que incluso llegamos a ir de vacaciones a la ciudad francesa del que lleva el nombre el juego, por cierto, una preciosidad de cité medieval. Tengo fotos de un servidor haciendo el meeple (ficha de madera con forma humana) por caminos y plazas, aunque por las caras de los que me rodean, debían entender que hacía el mono cual guiri borrachuzo. Depende de la época del año a la que vayáis, incluso podréis asistir a justas medievales, con caballeros, caballos y lanzas de caballería que se desintegran al impactar con el escudo enemigo. Ah, y un museo de la tortura, chunguísimo como no podía ser de otra manera, pero que es una de esas cosas que hay que ver, por lo menos para ser capaces de entender de verdad lo que significaba vivir en la edad media. Sobretodo si no eras nadie.

Alarma de divagación, vuelvo al tema. Sin embargo, todo esto no quita que el juego en cuestión sea un juegazo y, además, fácil de aprender, incluso para tres enanos.


Cada jugador saca una ficha a ciegas, fichas cuadradas que pueden encajar unas con otras según el dibujo que lleven. Hay caminos (y si al sacarla pones allí un meeple, este será un ladrón), ciudades (ídem con un caballero), campo (ídem con un agricultor) o abadía (un monje). Cada uno de ellos puntúa de una manera diferente, algunos de ellos al acabar la partida (agricultor, dos puntos por ciudad cerrada, ninguno por las abiertas) y el resto cuando se cierra el camino (ladrón, dos puntos por tramos si se cierra, uno si queda abierto), la abadía (un punto por cada ficha que la rodea) o ciudad (dos puntos por ficha de ciudad cerrada de más de dos partes -una por parte si no- añadiendo dos más si la pieza en concreto tiene un escudo).

El "comienso"...
A partir de ahí, trucos varios. Poner muchos agricultores para superar a los de los demás por mayoría a final del juego es buena idea, pero corres el riesgo de quedarte sin meeples para puntuar de otras formas durante la partida. Si la ciudad que construyes comienza a ser importante los demás jugadores tienen tendencia a poner comienzos de otras adyacentes que al final "de forma accidental" suelen unirse provocando que compartáis puntos. Esa clase pullitas de baja intensidad, aquí no te tirarán un meteorito como en Terraforming Mars, pero no faltan picarescas.

Algo le habríamos hecho para que se pusiese así

La cosa se comienza a poner interesante

Típica ciudad "asimilada"

...y el final.


De paso, comentar que esta fue la primera partida a un juego "de mayores" para la calabacilla nº 3. No se si lo entendió todo, pero estaba muy pendiente de la partida y desde luego fue de lo más lúcido:

- Mira, te ha salido un camino. ¿Quieres poner un ladrón?
- Té (= sí)
- ¿Lo ponemos aquí?
- Té
- Vale, pues cierras el camino y puntúas 3, ¿sí?
- Té

No se le escapaba una al tío...

sábado, 24 de marzo de 2018

Tabletops improvisados...

Hacía días que no jugábamos a nada con las calabacillas, la verdad. Así que cuando el otro día la Sra. Lantern propuso hacer alguna partida a un juego de miniaturas con los chicos no pude resistirme.

Todo nació el mismo dia, mientras preparábamos la comida. Esperando que lo que había en el horno se acabase de hacer me puse a mirar el teléfono, donde encontré una foto de un playset de plástico de Games Workshop muy chulo, el Warscryer Citadel, que alguien había montado de una manera muy conseguida. Otra persona habría mirado fotos de tías en bolas o de coches, pero yo no, yo miro cosas de estas. Y cuando lo vio, la Sra. Lantern recordó que habíamos propuesto de montar alguna mesa de juego para Mordheim (sí, ese juego del que tengo un artículo "haciéndose" desde hace más de un año, ese mismo) para jugar con los peques. Y me propuso jugar esa misma tarde. Después de comer ella montaría el tablero de juego con los peques mientras yo aprovechaba para estudiar y por la tarde jugaríamos todos.

Una buena idea la verdad, sólo falló por dos nimiedades. Una, que con el escándalo que montaron no conseguía meterme con el análisis de Jane Eyre. La otra, que cada cuarto de hora tenía a mi Sra. esposa en mi cuarto a buscar algo. ¿Hola, tienes algo de cartón? Sí, aquí, toma. ¿Hola, y cola blanca? Sí, toma cola blanca. ¿Y grava o piedras? Sí, las dos, toma. Perdona que te moleste otra vez, ¿te queda arena? Sí, sí, aquí, toma la arenaaaaa.. Total, que al final cuando me llamaron no había conseguido estudiar nada y subí con una actitud poco lúdica. Pero el entusiasmo con el que los peques estaban esperando no permitía cambio de planes, así que me resigné, pillé un puñado de miniaturas, unos dados, un lápiz y una libreta y me dispuse a inventarme así sobre la marcha un tabletop de miniaturas. A ver, que salía de todo eso...


Lo primero que me encontré fue con el terreno de juego en la mesa. Un bosque, separado de una misteriosa torre sin puertas ni ventanas por un río multicolor (ahí hay magia, pero fijo). Lo de la torre se dieron cuenta al final, cuando ya estaba hecha y me recordó mucho al relato El Corazón de Piedra de no recuerdo qué autor, que salía en el muy denostado (y tampoco tan tan malo) libro Homenaje a Tolkien. Así pues, ya tenía escogidos a los enemigos.


Aquí, los héroes. Como cogí miniaturas casi al azar (voy a tener que organizarlas), salió lo que salió. Luego les día a escoger a cada jugaror entre un hombre o mujer, y que hiciera magia o fuese guerrero: un caballero vampiro interpretado por mi hijo mediano (que sorpresa, él, un guerrero...) y mi hija mayor una hechicera elfa. La Sra. Lantern escogió una monja, Hermana de Sigmar.


El malo, al que el Rey de el reino en cuestión decidió que había que sacar del castillo por las malas. Cosas del banco y la hipoteca, supongo. Lo que pasa es que el brujo goblin no estaba dispuesto a largarse por las buenas...


Mientras el guerrero casi falla la tirada de saltar al otro lado del río (si es mágico, seguro que es mejor no meterse dentro) pero es auxiliado por su hermana. Justo a tiempo como los goblins comienzan a salir de la torre (¿por donde?) con muy malas intenciones...


Y siguen saliendo...


La hechicera lanza unas cuantas bolas de fuego (en mi casa, no vale decir que se tira un hechizo si no gesticulas e imitas el ruido del mismo, eso es tan importante como tiras los dados)  mientras el guerrero vampiro se enzarza en un cuerpo a cuerpo contra los primeros goblins (y si te despistas, él también te demuestra cómo es un mandoble con sus espadas de espuma semi-rígida justo en el medio de tu cada... la mitad que impacta es la mitad que duele...)


Mientras tanto, la monja del mangual (que había ido a buscar un puente, dejando a sus hijos a merced de los goblins, muy bonito...) se encuentra con que al brujo goblin no le gusta como está yendo el combate y decide intentar mantenerla separada de sus retoños, con lo que convoca unas cuantas arañas venenosas para que la ataquen. La hechicera elfa, que perdona a su madre el amago de abandono, sale a su rescate matando a una de las arañas antes de que lleguen a su objetivo.


Por otro lado, el guerrero vampiro no tiene problemas en seguir repartiendo espadazos a diestro y siniestro a la multitud de goblins que salen (¿pero por donde?) de la torre. Lo que tiene este chico con los dados, es como para plantearse el llevarlo al casino...


El jefe goblin, ya con un cabreo de narices de ver las tiradas que le salen al vampiro, decide invocar a más bestias, en este caso a un par de lobos salvajes.


La cosa se pone fea, fea...



... o eso podría parecer. Los hermanos suertudos comienzan a tirar críticos a lo loco y acaban con un enemigo tras otro casi sin problemas. Que su madre casi no tenga que preocuparse por las arañas, le permite tirar algún hechizo de curación. Aun así, para darle dramatismo al combate final, es mordida por una araña venenosa.


Soltando espumarajos por la boca de rabia, el brujo goblin juega su última baza, invoca a una armadura encantada del fondo del lago, que se encara a la hechicera, mientras el vampiro despacha a los últimos goblins.


Pero como si nada, un par de tiradas y muerto, sin demasiados problemas. Así pues los héroes se acercan a la torre, ahora extrañamente silenciosa.


Al final, la hechera se teleporta a la torre (total, ¿porqué bolas de fuego sí y teleportación no? Además, se hacía tarde...) donde descubre que el brujo malvado ha huído. Han cumplido su misión y reciben una buena recompensa en oro de parte del Rey.


Y con la partida hecha, recogimos y a cenar, que ya era hora.

Impresiones:
1) Aunque el tablero de juego no resistiría el análisis de un jugador "profesional" para estar hecho en tres horas con dos niños menores de 6 años, pues les quedó muy resultón, la verdad.
2) Las miniaturas, sin pintar pierden mucho. A ver si consigo ponerme a pintar de una vez.
3) Menudas tiradas que sacan estos dos enanos...
4) Jane Eyre  acabó muriéndose de la risa, otro día pillaré la mochila y me iré a la biblioteca.



miércoles, 31 de enero de 2018

Más partidas en familia

Saludos a todos desde una nueva ronda de juegos de mesa con los peques. Si parezco algo entusiasmado con el tema, bueno, es que empiezo a estarlo, a los chicos parece que les gusta mucho el tema y como vamos sacando nuevos juegos para que los prueben, empiezan ya a tener sus favoritos y reclamarlos. Es curioso como ellos mismos a veces empiezan a discriminar entre los juegos a lo que ya pueden jugar y los que "son para mayores y aun no podemos jugar" como es el caso de alguno de los de hoy. Así pues, comenzamos:

1) Ubongo
Juegazo como la copa de un pino, a pesar de los simple que es nos ha traído muchas horas de diversión. Además, a mi particularmente es un juego que se me da bien con lo que despierta en mi una vena competitiva que no suelo tener activa habitualmente.


Básicamente podríamos estar hablando de una mezcla entre Tangram y Tetris. Tenemos un tablero individual de dos caras cada una correspondiente a una de las dos dificultades, más fácil con 3 piezas y más difícil con 4. Hay una figura que hay que conseguir con las piezas que se nos indica de acuerdo con la tirada de un dado. Fácil y divertido, debes competir contra el resto de jugadores a ver quién acaba su figura antes. Recomendado que si en alguna ronda algún jugador no acaba su pieza, hacer una subronda entre todos intentando conseguirla. Es muy curioso ver como cuando alguna figura se te cruza, se te cruza del todo.


Veredicto de Jack: Muy recomendable para los niños. Los míos mayores (6 y 4, el de 1 aun no cuenta) lo pillaron enseguida e incluso me ganaron alguna ronda. Puzles abstractos para toda la familia. 9/10

2) Speed Cups

Un juego de agilidad manual (y mental) en el que tienes que distribuir tus cubiletes de colores en el orden que indica la carta que se saca del mazo (común para todos) y que puede ser en horizontal o vertical, siguiendo los colores del dibujo de la carta. El primero que lo logra tiene que tocar el timbre, incluido en el juego. Muy divertido y frenético.


Veredicto de Jack: Divertido, muy divertido, pero me da la sensación que es más un filler fiestero,para pasarlo de cachondeo con un buen grupo de amigos. Los peques pillaron rápido lo de la parte de apreciación visual, pero creo que aun no tienen la agilidad manual para jugar bien, por no decir que desde la silla los brazos no les llegasen al timbre en el centro de la mesa tampoco ayudó. Recomendado... de aquí a un tiempo. Aun es un poco pronto. 7/10

3) Hundir la Flota
El clásico de entre los clásicos. Cuantas partidas habremos jugado a este juego de pequeños, bien en su versión juego de mesa o bien en su versión papel y boli...y desde hace pocos años hasta en versión app. Yo nunca tuve el juego de mesa y cuando hace algún tiempo lo vi en las tiendas me interesé, pero... como que no lo veía. Venía con luces, con sonidos, con pilas... Que me parece muy bien, para el que le guste, pero yo quería una versión más tradicional, más sencilla. Y las sencillas que veía no me convencían, las encontraba demasiado cutres. Así que cuando vi este, me gustó y lo compré.



Veredicto de Jack: Bien para enseñarles a los chicos los juegos a los que yo jugaba de pequeño, mal para el resto. Ellos que empiezan a leer ahora tienen problemas para oír "L" y encontrarla en el radar. Aunque sepan leer la letra cuando está en un papel, a la inversa aun no lo tenemos tan por la mano. Para colmo, las letras y números no se ven muy bien en el radar, porque están gravadas en el plástico. Hicimos una prueba y lo dejamos allí. De momento, para jugar los mayores, pera los peques demasiado pronto. 5/10

domingo, 12 de noviembre de 2017

Jugando en familia

Aquí estamos otra vez. Otra vez liado, pero rascando ratillos de aquí y de allá para intentar ver algún episodio de algo o, con suerte, jugar una partidilla a algún juego de mesa. Y mira, esta vez se consiguió. Precisamente al juego al que más partidas llevo echadas este año, Pandemic. Si no recuerdo mal, esta debía ser como la quinta o sexta partida. Y sólo habíamos podido ganar una antes.

Un juegazo como la copa de un pino, pero de los pinos esos grandes del pirineo, nada de un pinillo enano, no. De los gordos.

Básicamente es un colaborativo en el que cada jugador lleva un personaje que forma parte del dispositivo de emergencia desplegado ante un (o varios) brote(s) de una (o varias) enfermedades especialmente virulentas que asolan el planeta. Si en la frase anterior te ha parecido ver demasiados paréntesis, pues tienes razón. Más te vale ir ligero y atacar en el punto concreto, o vas a pillar pero fijo. Como puede verse en el desarrollo de nuestra última partida. 

¿Habéis visto alguna de esas películas del género de las catástrofes, acerca de enfermedades incontrolables? Estallido, Contagio, ese estilo. Pues aquí funciona igual, solo que vas viendo el desarrollo en un mapamundi. Y vaya si se desarrolla el tema...

Nos pilló un domingo por la noche, en los que los enanos estaban tan hechos polvo de todo el día que cayeron como moscas a la hora de irse a dormir. Y como hacía mucho tiempo que no jugábamos a nada, probamos a sacar éste. Pero el destino no nos lo iba a poner fácil. Nada más barajar los personajes nos salen dos de los que no queríamos, el experto en operaciones y el planificador de contingencias. Mal empezábamos.


Y para colmo, después de barajar las cartas (y juro que las barajé concienzudamente) el estado del globo con los brotes iniciales era desolador, la enfermedad azul se había concentrado en Europa y la cosa ya era preocupante desde un buen inicio.

Madrid, París, Londres y Essen con el máximo de cubos. Una carta más de
estas ciudades y la cadena de estallidos sería imparable. Y lo fue.

Me quedará la duda para futuras ocasiones si el haber aprovechado que me salieron cuatro cartas del mismo color (negro) en la mano inicial era algo que debía aprovechar para quitarnos ya de encima una de las cuatro enfermedades (con 5 se puede encontrar una cura a la enfermedad de ese color, si tu personaje está en un centro de investigación) como hicimos, o si tendría que haber ido cagando leches hacia Europa, visto el percal. Lo más lógico me pareció aprovecharlas, ya que estaba precisamente en la zona negra.

Y por lo visto, me equivoqué. Ese turno que perdí fue crítico y cuando en París salió otro caso de la enfermedad azul, la cadena de estallidos que se montó hacia todas las ciudades hacia las que había ruta hizo buen uso del nombre del juego. 

Para cuando se despertó el calabacillo pequeño la partida ya estaba acabada sin salvación posible. Media hora había bastado para acabar miserablemente con nosotros. Y ya era tarde, así que renunciamos a jugar otra partida. Otra nueva derrota. Lo dicho, juegazo.

Y ya que nos ponemos, pues esta mañana jugamos unas partidillas con los peques (con los dos mayores, el pequeño se hubiere comido los juegos). Tres partidas: Dobble Kids, Tres en Raya y Scrabble.

Juegosdelamesaredonda.com

El doble Kids es un juego de apreciación visual y memoria sencillete pero entretenido y a los chicos les encanta. Me lo piden siempre que pueden. Y yo lo saco cada vez, porque me ayuda a entrenarlos en la compleja disciplina de saber perder y también en la de saber ganar, que con 5 y 3 años tiene motivo.

El Tres en Raya lo jugamos mientras les explico las reglas, porque aun no acaban de entender muy bien que hay que jugar con una idea en mente y no simplemente poner la pieza donde nos apetece en ese momento, a ver si al final las piezas acaban en línea. Este juego me lo regalo mi hermana hace mogollón de años y me encanta. Es una mini cajita metálica con piezas a juego. Sencillo pero muy resultón.


Por último el Scrabble. Los chicos aun son pequeños para jugar este juego, pero lo usamos para que empiecen a practicar el leer y formar alguna palabra sencilla. Lo mismo que la pasta de sopa con letras, vamos.

En este caso la versión en catalán que me regaló una ex-novia (cuando éramos pareja, claro... aunque, ¿igual lo hizo por despecho?). La idea es conseguir una copia en cada idioma que se habla o se estudia en casa, pero... hay tantos juegos chulos y el presupuesto es limitado, así que de momento sólo tenemos este. Y que conste que es una putada mayúscula, porque en un idioma con ny (el equivalente a la ñ castellana), ç (cedilla, como en francés) y l·l (l genimada, como en el Xarel 10 que decía la Maria Teresa Campos, buscadlo por youtube), que te salgan estas letras según en que momento puede significar que las estés aguantando intentando jugarlas sin éxito un buen rato o, si los astros se alinean, que en un solo turno despedaces al resto de jugadores. Este segundo caso nunca suele ser el mio.

Lo dicho 
¿Os he explicado alguna vez que este juego no se me da bien? Pues no, nada bien. Hay cosas que a la gente le encajan y otras que no, y este juego a mi me chirría, precisamente cuando yo juego rodeado de gente que lo domina al dedillo. 

Me compraré el alemán y "sus" vais a cagar todos... O no, o igual no hay quien saque una palabra a la mesa. Wer weiß...