domingo, 13 de mayo de 2018

Avengers: Infinity War (2018)

Era inevitable que reseñara esta película, o mejor dicho, el último episodio de una serie de películas ambientadas en el universo de los cómics Marvel, la culminación (hasta la fecha) de un trabajo que puede que no te convenza por el tono, pero es alucinante lo coherente y bien conseguido que han sabido construirlo. Muy a despecho de la competencia, DC Cómics, cuya versión cinematográfica avanza a trompicones (podemos pasar de un Batman vs. Superman de vergüenza ajena a una Wonder Woman extraordinaria, de un año a otro y con los mismos actores), sin saber encontrar su estética y su tono.


Si al ver el cartel os sentís un poco abrumados por la cantidad de personajes, es normal, es que la película ya es así, vais a pasar dos horas y media (que se pasan como si fuera un suspiro... en el que no podréis casi ni respirar) viendo una sucesión de escenas de acción a cuál más bestia, casi sin descanso, en las que los héroes se dejan la piel intentando pararle los pies a Thanos y su legión negra, una especie de siniestro culto de adoración al Titán Loco, con el objetivo de que pueda concluir la obra a la que ha dedicado su vida: el equilibrio en el universo. Leeréis por estas webs de Dios a mucho filósofo de taza de retrete reflexionando acerca de si Thanos puede tener un razón o no, lo que me preocupa bastante... Aniquilar a la mitad de la población del universo para evitar la sobreexplotación de recursos y las consiguientes crisis humanitarias es una aberración y que alguien quiera encontrarle su lógica (aunque sea de forma hipotética) es preocupante.

La película se basa en una de las primeras (y más gordas) sagas galácticas de la Marvel, creada por Jim Starlin, en la época en la que los guionistas y escritores de historietas no sólo trataban de exprimir al máximo su cerebro, también eran famosas las reuniones de trabajo en los parques donde se compartían cosas de fumar (no siempre tabaco, dicen...) y pastillas (no siempre aspirinas, dicen...). Starlin, por aquél entonces escribía una serie del Capitán Marvel, un antiguo soldado Kree que acabó en la tierra. En una serie tan cósmica cristalizó todo su talento, sus neuras (Watergate, Vietnam) y sus ensoñaciones de LSD para crear una versión alternativa, puede que más retorcida, a ratos más oscura, de el Cuerto Mundo de DC, una de las creaciones estrella (aunque infravalorada por el lector medio) de Jack Kirby, uno de los creadores junto a Stan Lee de una gran parte del universo Marvel. De la que mola, básicamente.

Allí conocemos a Thanos, miembro de una raza de "dioses" cósmicos, que desde su más tierna infancia se obsesiona con la muerte. Y no solo con el hecho de perder la vida, no. Se enamora de la mismísima Muerte, la personificación de... bueno, de la falta de vida.


La dama en cuestión, poderosísima pero fría como el hielo, no está por la labor. Por lo que Thanos pretende impresionarla... aniquilando a la mitad de la población del universo. De aquí nace la extraña fijación de Thanos en la película. A partir de aquí, veremos como la película versiona el argumento del cómic de forma sutil, utilizando las 18 (si no recuerdo mal) películas del Universo Marvel, cada una a su estilo, que se han encargado de ir presentando las Gemas del Infinito, joyas de inmenso poder que permiten al portador dominar completamente aspectos fundamentales del universo, como el tiempo, el espacio, la mente, etc.

Mientras que en los cómics cada una de estas joyas estaba en poder de seres divinos a los que Thanos tuvo que engañar mediante la astucia o doblegar mediante la fuerza (y las gemas que encontró antes, aquí la logística del orden en que conseguirlas era crucial), en la versión cinematográfica, más simple, estas gemas han ido saliendo como objetos de gran poder en sucesivas películas de la saga, así que era cuestión de que el Titán Loco llegase tarde o temprano. Diez años después de que se confirmara que el bastón de Loki en Avengers era la gema de la mente, la guerra por las joyas llega a su máximo esplendor.


Argumento aparte, la película básicamente es (el inicio, continua de aquí a un año en la parte 2) de la conclusión de la fase 3 de películas del universo Marvel. Y esa es su mayor virtud y su (casi) único defecto. Como no hace falta presentar a los personajes, porque en sus respectivas películas y apariciones de estrella invitada ya los tenemos más que conocidos, podemos permitirnos el lujo de ir de cara a barraca casi desde el minuto 1. Y una vez arranca, la película ya no para, no hay tiempo de casi ni de estructurar las escenas, no es necesario, las batallas son constantes y larguísimas.

Además, aunque el ritmo no decrezca en ningún momento, no puedes dejar de admirar el detalle y el cariño que le han puesto a cada personaje, cada escena y cada plano. El bando del Capitán América, a pasar de ser humanos mejorados, sin grandes poderes, es formidable porque saben funcionar como un equipo, mientras que otros grupos, a priori más poderosos, caen fácilmente. Es maravilloso ver el encaje de bolillos que han creado, Spiderman sigue siendo un friki del cine, a Mapace Cohete sigue fascinándole la tecnología y la ortopedia (...), Loki sigue en su maravillosa ambigüedad y hasta se permite utilizar famosas frases de otras películas que le dijeron a él, esta vez a su beneficio. Gamora, el Dr. Extraño, Pantera Negra, todos, sin dejar casi a ninguno, por poco tiempo que tengan en pantalla, todos ellos enlazan perfectamente con lo que hemos visto de ellos antes. El conjunto encaja con un guante en cada una de las sagas del universo y eso es una obra de ingeniería audiovisual simplemente perfecta, no rechina ni por un instante, a pesar de la velocidad endiablada que se gasta. Evidentemente, le sacaras el máximo de jugo si has visto todas las películas anteriores. Y si esta es la primera que vas a ver... te gustará supongo, pero te perderás la mitad por el camino.

¿Los pocos defectos? Algunos de los chascarrillos humorísticos podrían ser un poco menos simplones (esa coña de los nombres de los personajes y los helados, por ejemplo, o el ataque de tontería infantil de StarLord y sus compañeros frente a Thor), pero como ya he dicho varias veces, al ritmo de la película pasan volando y casi ni te acuerdas después. Otro, que algunos personajes que funcionan bien en sus respectivas sagas, me da la impresión al verlos juntos, que se parecen demasiado. Por ejemplo, el Dr. Extraño y Iron Man. Uno con magia y el otro con tecnología, pero ambos son yuppies arrepentidos, con medios casi extraños para el resto y que parecen saber utilizarlos de maneras casi ilimitadas. Muchas películas de superhéroes ya, por muchas variaciones que tengan los personajes, a veces te das cuenta de que no son tan diferentes.

A destacar: la historia entre la Visión y la Bruja Escarlata, aquí desarrollando lo que se iniciaba en... Civil War (si no recuerdo mal). La escena de la aparición de el grupo del Capitán América. Wakanda, ese maravilloso país que parece que aun no habíamos dejado desde la exitosa Black Panther. Peter Dingklage, sin esperarle y por sorpresa, pero en un buen personaje.

Lo peor para mí, que siguiendo con lo establecido en su saga particular, Thor sigue siendo un héroe de comedia de TV (concretamente, de las de el fin de semana al mediodía) en vez del épico héroe de la mitología escandinava que era en el cómic y siempre debió ser... Ay, amigo, quien te ha visto y quien te ve...

Resumiendo, a pasar de sus pocos defectos, un peliculón de acción superheróica que tardaremos tiempo en ver igualado, probablemente nunca superado. Y no hablo solo de la recaudación de vértigo que ha conseguido (rozando los 1.500 millones de dólares, a estas alturas) en un tiempo récord, ni de la cantidad de superhéroes en pantalla por segundo, sino por la sensación de que un trabajo planificado, estudiado, desarrollado con tiempo y método pueda explotar en pantalla en dos horas y media de adrenalina concentrada. Nuff said!

sábado, 5 de mayo de 2018

Supongo que esto hay que traducirlo...

De los creadores de los famosos modificador de nosequé y esto no lo entiendo pero ocupa cuatro líneas, que aparecieron en el manual de GURPS de la Factoría de Ideas de 1995...


...llega ahora a nuestras mesas de juego el fulminante este Easy to Build supongo que debería traducirse, de la caja de una de las nuevas bandas de Shadespire, de Games Workshop. Hombre, pues casi que sí...


Y aunque sea una cantada seria del traductor, parte de razón voy a tener que darle, entre otras cosas porque si la editorial no solo permite sino que exige un chirriante spanglish en sus productos para evitar perder el control férreo que mantienen sobre los copyrights, pues es normal que al pobre hombre le asalten las dudas, y cuando pasa eso tarde o temprano te lías (aunque no tendría que haberlo dejado por escrito)... ¿porqué Shadespire si, pero Sombraaguja no? ¿porqué ahora se usa chaos en vez de caos? ¿porqué la banda de no-muertos se llama Guardia Sepulcral (y no Sepulchral Guard) y en cambio los orcos (perdón ahora se llaman Urruks) son Chicoz de Ironskull en vez de Chicoz de Cráneohierro o Craneoférreo?

La foto del manual de rol (un clásico) está sacada de la roleropedia (aquí) donde salen otras traducciones descojonantes, como el arco-X (crossbow) o las hormigas guisantes (peasants). 

Qué hartón de reír, oiga... Y eso que servidor ya se encontró un buen montón de ejemplos a lo largo de su carrera friki, como los Vacío-Uno (Empty one) del Diablo 2... 

martes, 1 de mayo de 2018

Sant Jordi 2018

Llego tarde a esta entrada, pero es que se me ha complicado mucho el fin de mes. Además acabamos de llegar todos de unos días de puente y a mi es que eso de escribir textos largos con el móvil, como que no, mis dedazos estilo morcilla no casan bien con las miniteclas de la pantalla táctil. Ay, pequeño (pero pesadísimo) Nokia 3210, como te echo de menos...

En fin, a lo que iba, pues que otro año ha pasado y volvemos a llegar a otro Sant Jordi, una no-festividad (aunque si día muy señalado en Cataluña) a la que le tengo especial afecto. Y también un poco de rabia, porque cuando no cae en fin de semana y por los motivos que sea no me he cogido vacaciones puedo salir a pasear cuando lo hace todo el mundo, lo que crea colapsos importantes. Y no sólo de tráfico, sino también a pié, en las proximidades de las librerías y floristerías más importantes de la ciudad, así como ramblas y avenidas neurálgicas. Y yo este año las pillé todas, así que acabé un poco hasta las pelotas. Pero oye, sigue siento bonito, aunque no puedas darte cuenta a veces. El año que viene me pido vacaciones y a vivir.

Este año me han regalado estos dos, a David y Goliath, por el tamaño:


Vamos por partes:

El Gordaco. 512 páginas encuadernadas con aleación de plomo y acero. Todo un grimorio lleno de personajes para aburrir (es un decir, pero para cualquiera que no sea yo, literal) de personajes de la mitología de los Masters del Universo, ya sean de cómics, series de animación, la película de la Cannon, cintas de audio con historias narradas, etc. Una más de las muchas guías que van saliendo últimamente y que a un servidor le va a ir especialmente bien para cierto proyecto que tengo entre manos con mi colega de armas Aquatar. Que yo sepa, después de este solo me queda otro, de tiras cómicas (San Jordi 2019?) y ya cierro la colección, a la espera de unos conocidos que han resucitado el antiguo Club Masters del Universo y que van a editar el que promete ser el libraco definitivo de la franquicia más poderosa y olvidada de Mattel. Evidentemente estoy en la cola para comprarlo desde que dijeron "¿Oye, y si...?"

El libro histórico, que no falte. Este año he saltado de la segunda guerra mundial (no, aun no he podido comenzar con el del año pasado...) hasta el siglo noveno para encontrarnos con los combates más encarnizados entre Vikingos y Anglo-Sajones. Un libro pequeño (apenas 80 páginas) pero que rebosa información, fotografías sacadas de museos, mapas y dibujos de la equipación, las formaciones, los estandartes y todo lo que deba saberse que las batallas que les enfrentaron, con la calidad que una editorial como Osprey se preocupa de dar a sus productos históricos. Nada que ver con la controvertida (eh, que eso tampoco es malo, solo... tronchante) serie de TV El Guerrero más Letal (de próxima reseña en este blog) que pretende hacer algo parecido, solo que pasado por el filtro de TV basura (basura de comida basura, no de lo de dentro del cubo de la idem, que se parece, pero no es lo mismo).


BONUS BOOK!
Bueno, aunque no ha sido para mí, si no para mi hijo mediano, el caso es que por temática me toca lo suficiente para que se haya ganado el sitio en este post. Y total, ya que él va loco por que le deje mis libros, por una vez que me deje el unos suyo no va a pasar nada, ¿no?

Mi señor padre, que por lo visto se debió liar un poco a la hora de comprarles un cuento a mis calabacillos, le acabó regalando este a mi hijo de cuatro años. Muy propio no es, la verdad, pero la verdad es que él estalló en alegría al verlo. De pocas páginas (80) aunque con muy buen tamaño de ellas, es una guía visual del Episodio VIII (que él aun no ha visto). Aun así, tiene suficientes fotos de naves, personajes, armas y planetas como para volver loco a un fan. Debo reconocer que llama la atención, aunque para mi todo lo que esté fuera de los episodios IV-VI me deja un poco resignado. Aun así, me gustan algunos diseños y es curioso ver lo detallada que puede ser una de estas guías. Hasta salen las zapatillas del Líden Supremo Snoke. Sí, en serio. Algo que a duras penas podía verse el la película, un detalle ínfimo, las zapatillas (de andar por casa, no de deporte) que lleva en los pies. Salen. Sí, de verdad. 



sábado, 21 de abril de 2018

El despertador, ese artilugio del infierno...

Aquí, un servidor de vds, como bien espíritu maligno que es, resulta que es ave nocturna. Un buho, como suele decirse figuradamente, en contraste con las alondras, esa clase de gente extraña que por motivos que se me escapan se levantan como para pillar dormido al gallo. Mi padre es de estos y la Sra. Lantern también.

Desde que tengo uso de razón levantarme por la mañana ha sido... bueno, depende. Ha ido de simplemente difícil hasta una tortura. Y que conste que no me quito responsabilidad por el asunto, como mi momento álgido de energía es por la noche tengo una tendencia natural a retrasar el irme a dormir. Estudié (y estudio) de noche, he pasado muchas horas leyendo libros de terror o jugando a videojuegos a horas intempestivas, por no hablar de las quedadas con los amigos jugando a juegos de mesa, que no acababan nunca. Algunas de las más notables acababan con los primeros rayos de sol, como cierto pique que nos pegamos al Uno una noche de agosto en casa del ilustre Sr. F.

Tira la cabra al monte que dicen. Así que para evitar males mayores me obligo a ir a dormir a una hora razonable, con un nivel de cumplimiento que intento que sea alto. Aun así, tengo dos despertadores y el combo ducha + café negrísimo es imprescindible por las mañanas, a no ser que no me importe que el cerebro se me comience a despertar sobre las diez.

Así que cuando me encontré con este vídeo que os pongo a continuación (a veces, unos dibujos animados a tiempo pueden evitar un lloro histérico a un niño de un año el tiempo suficiente como para servir la cena sin que te perfore un tímpano) me sentí muy identificado. Por no decir que me trajo muy buenos recuerdos, creo que mi infancia murió el día que, por el motivo que fuera, dejé de ver los dibujos animados de la pantera rosa.

Probando, probando... Tao Long

El otro día a la Sra. Lantern y a un servidor nos pilló nuestro décimo aniversario de boda (¿bodas de papel de plata?) a media semana. Podríamos haber organizado algo a la altura, pero nos pilló a los dos liadísimos en el trabajo, cansados y el día siguiente teníamos que madrugar, así que dejamos la celebración oficial en pausa, pero no renunciamos a hacer algo especial el día que tocaba.

Así que organizamos la noche para poder estar libres de calabacillas y salimos a cenar fuera, a uno de nuestros sitios favoritos: La Pifia, un friki-bar pequeñete y agradable, con abundancia de juegos de mesa para probar, variedad de bocatas, picoteos y comidas varias (incluyendo opciones vegetarianas y veganas, que a un servidor le van de lujo) y si el día se precia puedes encontrar desde maratones de sagas de cine o series, hasta sesiones de juego de rol, cartas, juegos de mesa, etc. Un sitio muy majo que os recomiendo si visitáis Lleida algún día. 

Una vez allí, mientras llegaban los bocatas y las "bravas" (alternativas, con una selección de salsas deliciosas), cotilleamos los juegos que tenían y acabamos escogiendo este, el Tao Long. Por lo visto proviene de un Kickstarter (del que ni me enteré, la verdad).


El funcionamiento es relativamente sencillo. Y el aspecto visual impecable. Si sois de los que os encanta el arte tradicional japonés os gusta, éste es vuestro juego.


En la parte izquierda del tablero (en las fotos a la derecha, porque yo estaba en el otro extremo) una representación del mundo espiritual, el Ba Gua, con las diferentes energías elementales que fluyen por en él.

Al otro lado, el mundo terrenal donde dos dragones orientales, blanco y negro, combaten entre ellos mediante las energías desplegadas en el mundo espiritual. El tablero de esta parte está formado por casillas, por las que los dragones orientales (lineales, formados por varias casillas) se desplazan mediante el encaramiento de su cabeza, con sus colas siguiendo ese camino. Las colas también son los puntos de vida, cuando se pierde cuatro puntos de "agua" (azules, en su lado del Ba Gua) equivale a perder una casilla de cola. Cuando se pierde la última, el dragón (o su cabeza, mejor dicho) ha sido vencido.

Mientras nos íbamos leyendo las reglas, la Sra. Lantern, alondra donde las haya, sufría los efectos del cansancio y la hora tardía e intentaba combatirlos con bebidas refrescantes con cafeína, a añadir al té verde con menta de justo antes de salir de casa. Comenzamos una partida de prueba mientras nos íbamos empapando de las reglas. El movimiento de los dragones se realiza a voluntad, siempre que cumpla con las limitaciones de la casilla del Ba Gua donde has dejado la última de las fichas de la pila seleccionada.



Entonces, oh milagro, mi Sra. esposa comienza a despertarse al activarse la parte de su cerebro que regula la competitividad. Y no por el efecto de la cafeína, no. Conforme asumía las reglas, su cerebro comenzaba a hervir de tácticas, ideas y estrategias malvadas. Para cuando levanté la vista de las reglas, ya era tarde. Un intenso fulgor rojizo se había adueñado de sus ojos. El resto de la partida consistió en un huracán de mordiscos, fogonazos, zarpazos, coscorrones, patadas en el culo y mocos pegados en la nuca de parte del dragón negro al blanco, que no pudo hacer nada ante la ondanada de ostias que le cayó turno a turno de parte del dragón negro. ¿Adivináis cuál llevaba yo? Exacto.

Se lo pasó tan bien pegándome tal paliza que quiso hacer otra de nuevo. Así que mientra ella desplegaba de forma alegre (¿pero tu no te estabas cayendo dormida?) las fichas de montaña para poder jugar el segundo de los escenarios, en el que los dragones empiezan separados por una cordillera montañosa, servidor cotilleaba un episodio de House of Cards que echaban en la tele o la colección de armas antiguas que decora la pared del local.

Ésta, precisamente.
La segunda partida no varió ni un ápice respecto a la primera. Mientras yo intentaba encararme de manera adecuada para tener opciones de victoria (¿supervivencia?) ante la amenaza de otro linchamiento dragonil, mi amada esposa destrozaba a dentelladas la cordillera y se lanzaba con frenesí hacia mí. En cuestión de pocos turnos, no era más que una cabeza seccionada sin cola, víctima de otro atropello inmisericorde.



Que sí, que sí, que muy bonito el juego y que estábamos aprendiendo y bla, bla, bla. Pero al final que la jornada el que volvió arrastrándose hacia la cama fui yo.

Eso sí, es bonito ver que tras diez años y tres hijos, la Sra. Lantern sigue siendo aquella jovencita risueña a la que sólo se podía ganar al ajedrez si ponías a un lado del tablero, como quien no quiere la cosa, el bol de frutos secos. Y que sea así por muchos años más.

sábado, 24 de marzo de 2018

Tabletops improvisados...

Hacía días que no jugábamos a nada con las calabacillas, la verdad. Así que cuando el otro día la Sra. Lantern propuso hacer alguna partida a un juego de miniaturas con los chicos no pude resistirme.

Todo nació el mismo dia, mientras preparábamos la comida. Esperando que lo que había en el horno se acabase de hacer me puse a mirar el teléfono, donde encontré una foto de un playset de plástico de Games Workshop muy chulo, el Warscryer Citadel, que alguien había montado de una manera muy conseguida. Otra persona habría mirado fotos de tías en bolas o de coches, pero yo no, yo miro cosas de estas. Y cuando lo vio, la Sra. Lantern recordó que habíamos propuesto de montar alguna mesa de juego para Mordheim (sí, ese juego del que tengo un artículo "haciéndose" desde hace más de un año, ese mismo) para jugar con los peques. Y me propuso jugar esa misma tarde. Después de comer ella montaría el tablero de juego con los peques mientras yo aprovechaba para estudiar y por la tarde jugaríamos todos.

Una buena idea la verdad, sólo falló por dos nimiedades. Una, que con el escándalo que montaron no conseguía meterme con el análisis de Jane Eyre. La otra, que cada cuarto de hora tenía a mi Sra. esposa en mi cuarto a buscar algo. ¿Hola, tienes algo de cartón? Sí, aquí, toma. ¿Hola, y cola blanca? Sí, toma cola blanca. ¿Y grava o piedras? Sí, las dos, toma. Perdona que te moleste otra vez, ¿te queda arena? Sí, sí, aquí, toma la arenaaaaa.. Total, que al final cuando me llamaron no había conseguido estudiar nada y subí con una actitud poco lúdica. Pero el entusiasmo con el que los peques estaban esperando no permitía cambio de planes, así que me resigné, pillé un puñado de miniaturas, unos dados, un lápiz y una libreta y me dispuse a inventarme así sobre la marcha un tabletop de miniaturas. A ver, que salía de todo eso...


Lo primero que me encontré fue con el terreno de juego en la mesa. Un bosque, separado de una misteriosa torre sin puertas ni ventanas por un río multicolor (ahí hay magia, pero fijo). Lo de la torre se dieron cuenta al final, cuando ya estaba hecha y me recordó mucho al relato El Corazón de Piedra de no recuerdo qué autor, que salía en el muy denostado (y tampoco tan tan malo) libro Homenaje a Tolkien. Así pues, ya tenía escogidos a los enemigos.


Aquí, los héroes. Como cogí miniaturas casi al azar (voy a tener que organizarlas), salió lo que salió. Luego les día a escoger a cada jugaror entre un hombre o mujer, y que hiciera magia o fuese guerrero: un caballero vampiro interpretado por mi hijo mediano (que sorpresa, él, un guerrero...) y mi hija mayor una hechicera elfa. La Sra. Lantern escogió una monja, Hermana de Sigmar.


El malo, al que el Rey de el reino en cuestión decidió que había que sacar del castillo por las malas. Cosas del banco y la hipoteca, supongo. Lo que pasa es que el brujo goblin no estaba dispuesto a largarse por las buenas...


Mientras el guerrero casi falla la tirada de saltar al otro lado del río (si es mágico, seguro que es mejor no meterse dentro) pero es auxiliado por su hermana. Justo a tiempo como los goblins comienzan a salir de la torre (¿por donde?) con muy malas intenciones...


Y siguen saliendo...


La hechicera lanza unas cuantas bolas de fuego (en mi casa, no vale decir que se tira un hechizo si no gesticulas e imitas el ruido del mismo, eso es tan importante como tiras los dados)  mientras el guerrero vampiro se enzarza en un cuerpo a cuerpo contra los primeros goblins (y si te despistas, él también te demuestra cómo es un mandoble con sus espadas de espuma semi-rígida justo en el medio de tu cada... la mitad que impacta es la mitad que duele...)


Mientras tanto, la monja del mangual (que había ido a buscar un puente, dejando a sus hijos a merced de los goblins, muy bonito...) se encuentra con que al brujo goblin no le gusta como está yendo el combate y decide intentar mantenerla separada de sus retoños, con lo que convoca unas cuantas arañas venenosas para que la ataquen. La hechicera elfa, que perdona a su madre el amago de abandono, sale a su rescate matando a una de las arañas antes de que lleguen a su objetivo.


Por otro lado, el guerrero vampiro no tiene problemas en seguir repartiendo espadazos a diestro y siniestro a la multitud de goblins que salen (¿pero por donde?) de la torre. Lo que tiene este chico con los dados, es como para plantearse el llevarlo al casino...


El jefe goblin, ya con un cabreo de narices de ver las tiradas que le salen al vampiro, decide invocar a más bestias, en este caso a un par de lobos salvajes.


La cosa se pone fea, fea...



... o eso podría parecer. Los hermanos suertudos comienzan a tirar críticos a lo loco y acaban con un enemigo tras otro casi sin problemas. Que su madre casi no tenga que preocuparse por las arañas, le permite tirar algún hechizo de curación. Aun así, para darle dramatismo al combate final, es mordida por una araña venenosa.


Soltando espumarajos por la boca de rabia, el brujo goblin juega su última baza, invoca a una armadura encantada del fondo del lago, que se encara a la hechicera, mientras el vampiro despacha a los últimos goblins.


Pero como si nada, un par de tiradas y muerto, sin demasiados problemas. Así pues los héroes se acercan a la torre, ahora extrañamente silenciosa.


Al final, la hechera se teleporta a la torre (total, ¿porqué bolas de fuego sí y teleportación no? Además, se hacía tarde...) donde descubre que el brujo malvado ha huído. Han cumplido su misión y reciben una buena recompensa en oro de parte del Rey.


Y con la partida hecha, recogimos y a cenar, que ya era hora.

Impresiones:
1) Aunque el tablero de juego no resistiría el análisis de un jugador "profesional" para estar hecho en tres horas con dos niños menores de 6 años, pues les quedó muy resultón, la verdad.
2) Las miniaturas, sin pintar pierden mucho. A ver si consigo ponerme a pintar de una vez.
3) Menudas tiradas que sacan estos dos enanos...
4) Jane Eyre  acabó muriéndose de la risa, otro día pillaré la mochila y me iré a la biblioteca.



viernes, 23 de marzo de 2018

Electric Boogaloo, la loca historia de Cannon Films

El otro día andaba echandole un ojo al último artículo de un blog amigo (que aprovecho para recomendaros encarecidamente si os va el metal trallero y el cine de acción) en el que Victor analizaba una película tan extraña y a la vez tan mítica como Cobra, de Silvester Stallone, cuando salió el nombre de la co-productora, la Cannon.

Ay, la Cannon... Puede que así a simple vista este nombre os suene pero no sepáis de qué, pero puedo garantizaros que si tenéis más de 30 años, habéis disfrutado/sufrido sus películas con frecuencia. Que levante la mano quien recuerde sagas como Desaparecido en Combate de Chuck Norris, las películas de sexploitation y ultraviolencia de un Charles Bronson ya algo crepuscular, o títulos míticos como Superman IV, El Guerrero Americano (¡Michael Dudikoff!) o Masters del Universo con Dolph Lundgren. Lo veis, ya lo decía yo...

Pues escribiendo un comentario me acordé del título de un reportaje que se estaba preparando sobre la compañía y del que me olvidé durante bastante tiempo. Al recordarlo, fui a buscar por Youtube, a ver si tenía suerte y podía encontrar un trailer cachondo o algún corte del mismo. 

Y va y lo encuento entero. Toma ya.

Así que sea como sea, aprovechad para verlo. Os vais a reír un montón, es increíble la que montaron un par de enfermos patológicos de cine popular a su llegada a Hollywood...

viernes, 9 de marzo de 2018

We will rock you... fast!

No suelo escribir mucho sobre música, no porque no sea consumidor habitual, sino porque es algo que me acompaña tan frecuentemente que es como el comer o el respirar. Siempre la he tenido ahí.

Escucho mucha música en el trabajo, de todo tipo. También en el coche, yendo de aquí a allá bien por trabajo o a nivel familiar (los peques ya se conocen unos cuantos buenos grupos, por suerte se aficionaron rápido a "mi música" y no tuve que sufrir músicas infantiles...). Incluso en casa suelo tener música de fondo, cuando estoy con las faenas domésticas. Siempre está ahí.

Como me gusta casi todo a nivel de música  escucho de todo, desde metal (mi género favorito) hasta música clásica, pasando por todo tipo de géneros (porque yo no considero música el reguetón, no se qué será, pero música no). Tengo grupos favoritos de jazz, de rap, de punk, hasta cosillas muy seleccionadas de pop, aunque ahí si que me tengo que mover con cuidado, no sea que me infecte...

Por eso, y al igual que en muchas otras de mis aficiones, me encanta que me sorprendan. Evidentemente como no soy una de esas personas que come, bebe, respira y piensa música, a todas horas y en toda situación, no conozco todo lo que hay y tampoco me considero un experto. Desgraciadamente me gustan demasiadas cosas diferentes como para que pueda profundizar demasiado en cualquiera de ellas. Bueno, ya habéis visto mi blog ¿no?, ya sabéis a qué me refiero. De ahí, que aunque cuesta que me sorprendan, de vez en cuando es una pequeña maravilla.


Y por eso, cuando ayer volvía de dejar a mi madre en casa, y escuchando la radio me encuentro con esta versión del We Will Rock You de Queen me quedé muerto. Y nada menos que en Rock FM (¿habeis oído alguna vez la frase "te repites más que Rock FM"? se está volviendo muy popular...). Me sorprendió mucho porque no la conocía, y eso que aunque no he escuchado todo lo que Queen grabó, pues si que llevo unos cuantos discos a mis espaldas.

Es un grupo que me encanta, como una vez los definió mi amigo Víctor, fiel lector de este blog "son creadores de himnos" y creo que la clavó. Esta versión no sólo me gusta por ser de quien es, sino que además es muy rockera, en el sentido más clásico del género y como añadido ayuda a dejar descansar un poco la versión normal, que si bien no es como el We are the Champions que por culpa del futbol y demás deportes acabaremos por cansarnos de ella, también se oye con cierta frecuencia.

Y si, los grandes clásicos no cansan nunca. Pero... escuchas esta y piensas, pues suena muy bien...

Señoras y señores, la fast version del We Will Rock You de Queen, desde el Live in Tokyo de 1979 (con Freddy Mercury que parece Robb Halford de Judas Priest... algún día recordadme que haga un post sobre el origen del "uniforme" de los heviatas... flipareis). Sirva este post para ayudar a que esta gran versión no se pierda, aplastada por el peso de su hermana mayor. ¡Corred la voz! ¡La fast version os necesita!





We Will Rock You 
(autor: Brian May)

Buddy you're a boy make a big noise
Playin' in the street gonna be a big man some day
You got mud on yo' face
You big disgrace
Kickin' your can all over the place
Singin'

We will we will rock you
We will we will rock you

Buddy you're a young man hard man
Shouting in the street gonna take on the world some day
You got blood on yo' face
You big disgrace
Wavin' your banner all over the place

We will we will rock you
Sing it
We will we will rock you

Buddy you're an old man poor man
Pleadin' with your eyes gonna make
You some peace some day
You got mud on your face
Big disgrace
Somebody betta put you back into your place

We will we will rock you
Sing it
We will we will rock you
Everybody
We will we will rock you
We will we will rock you
Alright


Letra de We Will Rock You © Sony/ATV Music Publishing LLC