miércoles, 4 de noviembre de 2020

Especial Halloween 2020 (y III): Las brujas de Salem

Con un poco de retraso, pero con ganas de cerrar el ciclo de Halloween de este año, aquí llego con el último post del trio. Y como comentaba, hoy con un poco de historia. En este caso, llegué hasta esta curiosidad cuando hace muchos años ya estudiaba asignaturas de microbiología en la carrera y más tarde amplié preparándome material para unos cursos de manipulador de alimentos que impartí hace años como pluriempleo. Y que, evidentemente, me dejó fascinado en las dos ocasiones. Es una posible explicación científica a un episodio no tan sobrenatural como lo han querido pintar en el cine o la TV: el juicio de las brujas de Salem.


A la história ya más o menos conocida de la localidad de Salem ya poco hay que añadirle. Todo se inicia con las declaraciones de unas niñas, a las que habían sorprendido en lo que se suponía que eran rituales satánicos en los bosques junto a la esclava negra de la familia. El juicio sin ningún tipo de rigor legal, con pruebas llenas de superstición y fanatismo religioso y la confesión de la esclava negra para evitar la tortura por la que igualmente hubiese acabado confesando las hipotéticas falsas acusaciones convirtieron auella farsa en un torbellino de acusaciones cruzadas de trágicas consecuencias.

Exite muchísima información y detalles concretos sobre el juicio y sus protagonistas, pero no es el objetivo de este post. El caso, es que existe una teoría bastante aceptada a dia de hoy, que nuestro silencioso y maléfico antagonista puede que no sea el diablo, sino un moho, concretamente el Claviceps purpurea o cornezuelo.

 

Resulta que en aquella época se consumía mucho pan de centeno. No solo porque el trigo era un cereal más caro y menos frecuente, sino porque el pan que se solía consumir era pan "negro", es decir integral. Ahora sabemos que mucho más nutritivo (tanto por ser de centeno, como integral, no como el pan blanco que prácticamente es almidón puro, es decir, azúcar) y que además se conserva mejor. Problema, que como en aquella época sabían poco de microbiología y de conservación de alimentos, se podían encontrar que el grano recolectado se guardase en condiciones inadecuadas y proliferase en él dicho moho.

Aquí es donde ya comenzamos a tener "salsa" en nuestra história. Que en una sociedad fanática y ultrareligiosa el pan pueda llegar a sangrar con un liquido de color rojo ya tiene connotaciones místicas de interpretación un tanto peligrosas. Pero es que incluso sin que llegase a pasar, el citado moho causaba una enfermedad conocida como "el fuego de San Antonio" o ergotismo.

 

 

El caso es que el Claviceps purpurea tiene cerca de 300 sustáncias alcaloides, algunas de las más curiosas son los derivados del ácido lisérgico. Igual ya os va sonando un poco más el nombre. Ese compuesto, una vez purificado y cristalizado es el tristemente famoso LSD, la droga también conocida como trippies.

Imaginaos el coctel que forma una sociedad que se basa en el fanatismo religioso, con sus típicas rencillas entre familias y vecinos como en todos los pueblos de todos los países. Ahora aderezadlo con alucinaciones de todo tipo, en gente que no sabian ni lo que era una droga. Y cuando digo alucinaciones, es que incluso podía llegar a darse traslación sensorial. Imaginad que oís un color, oleis un roce en la piel o podeis ver los sonidos. Para volverse loco. Y si encima quedan muchas décadas, puede que siglos, hasta conocer los efectos de las drogas, pues ya la tenemos liada y bien liada.

Como extra bonus: hace unas líneas he comentado el nombre de la enfermedad como "fuego de San Antonio". Y es que en monasterio de San Antón era una de las paradas en el camino de Santiago, en la que los feligreses ofrecian pan blanco a los penitentes. Y aunque el pan (de nuevo, símbolo religioso, el cuerpo de Cristo) se podía interpretar como una ayuda dentro de la penitencia del camion, el hecho es que si se llegaba hasta allí, con varias semanas de viaje y sin comer pan de centeno, ya había pasado tiempo suficiente para eliminar del organismo los compuestos tóxicos. De ahí la maravillosa curación.

Ya veis, a veces le entran a uno escalofrios pensando en la cantidas de muertes horribles que han habido en la história de la humanidad por culpa de los fanatismos religiosos y el abandono de la cultura y el conocimiento tradicional. Ya me gustaría decir que no nos va a pasar, pero sigue pasando, incluso a día de hoy.

En fin, una curiosidad histórica. Espero que os haya gustado.

domingo, 1 de noviembre de 2020

Especial Halloween 2020 (II): Niños, no me odieis, era para pasarlo bien...

El segundo (de tres) post de este especial Halloween se centra en la última gamberrada de un servidor. Sin mala intención, pero la verdad es que casi dejo traumatizados a los niños (y sobrina, por si no podia traumatizar a los suficientes, de normal).

La idea era que ya que estamos confinados y con cierre perimetral, poder hacer alguna cosa divertida en casa en vez de ir a hacer el payaso por Halloween algo por ahí. Otros años (en contra de mi criterio) la familia se han ido a ciertas comunidades vecinas por lo visto muy pro-americanas, en el peor sentido de la expresión a hacer eso del "Truco o trato" a cambio de caramelos y tal. Pero este año, digamos que como eso de hacer el payaso en casa pues como que es más aceptable (porque no te ve nadie, resumiendo) me pareció algo mejor. Pero claro, ¿que vas a hacer en casa? Y ahí salió mi intelecto perverso: una gruta del terror.

Recordad que tengo tres crios, de 3 a 9 años, a los que acompañaba mi sobrina de 4. Ideaza...

Pues eso, intenté ser un poco coherente conmigo mismo y maximizar lo que se podía hacer el casa gastando lo mínimo. Quería hacer una actividad divertida para los peques, no enzarzarme en un concurso de a ver quien se deja más pasta haciendo el capullo (muy americano también). 

 

Me lo pensé mucho... pero no, disparaba el presupuesto. Esperaré a otro año, a ver si consigo hielo seco, que será casi igual de efectivo y menos caro.

Así que después de visitar una par de tiendas, y un paquete de compra online después (y unos 20-25 € menos entre todo) me puse a organizar el nuevo trauma de los peques.

Decoré la casa con telas de araña falsas, pegatinas con caras de monstruo (de broma) para espejos y cristales, llené la casa de globos naranjas y negros, y puse alguna trampa preparada, como una máscara florescente (cargada previamente) colgando del espejo del baño, la típica araña peluda que te cae en la cara colgando de un hilo al abrir una puerta, muchas cosas con marcas de sangre, etc. Vamos, los clásicos de putear a la gente para ambientar...



Pero reconozco que lo siguiente sí que me dejó satisfecho. Preparé un puzzle con un pequeño "mapa del tesoro" con indicaciones de dónde encontrarme. ¿Dónde encontrarme? Pues sí, porque antes de que llegaran de una pequeña excursión a un bosquecito (de mi municipio), envié dos audios a la Sra. Lántern. Uno con mi voz, en la que me motraba preocupado porque creía que unos "monstruos de Halloween" me estaban siguiendo... audio que terminaba con mi grito al ser capturado. El siguiente, modificado con la aplicación "Voice Changer with Effects" sonaba como si un zombie haciendo gárgaras enviase el mensaje, daba las instrucciones. Me tenian retenido. O me encontraban antes de una hora o se me llevarian (al infierno al que van los padres que traumatizan a los hijos, me imagino). Podían usar las linternas de casa, pero no encender las luces. Y claro, había sobrecitos con dos piezas del puzzle de marras en casi cada rincón de la casa...


El (cutre) puzzle al completo. 36 piezas en 18 sobres.

Hasta ahí todo bien. La parte que se me escapó de las manos fue que como en el primer confinamiento ya jugamos con los niños al escondite dentro de casa hasta la saciedad ya se sabian cada rincón de la misma, así que tuve que emplearme a fondo. A fondo del canapé de la cama, concretamente. Allí aparte de circular poco aire y tener que abrir de vez en cuando para respirar, no se oía bien lo que pasaba fuera. Y claro, la segunda parte de la "atracción" se descontroló un poco.

El caso es que había dejado preparado y bien escondido, un altavoz Blutooth enlazado con mi teléfono. Y en mi teléfono un par de aplicaciones de "soundboard" de sonidos de típicos de Halloween. Supongo que ya veis por donde fueron los tiros. Yo iba poniendo algún efecto de vez en cuando: cadenas, aullidos, truenos, risa maligna, etc, pensando en que ambientaría la actividad. El caso es que funcionó muy bien. Incluso demasiado. Pero yo no lo podía oir bien desde mi escondrijo de mal padre.

La Sra. Lantern pronto puso cartas en el asunto para evitar que la cosa fuese a peor. Encendió las luces para que pudieran buscar los sobres en un entorno menos agresivo y dió un aviso en voz alta al imbécil de su marido (no con esas palabras, por suerte) para que bajase en ritmo. Por suerte, eso sí que lo pude oir bien. De forma que a partir de ese punto evité los sonidos más terroríficos de las aplicaciones e incluso, para suavizar un poco, puse alguna canción como la clásica BSO de los Cazafantasmas o la intro de la serie clásica de Scooby Doo. 

Funcionó bien y no dejé psicologicamente tocados a mis hijos y sobrina. Completaron el puzzle y todos nos reimos mucho cuando me encontraron. A partir de ahí, les enseñé como lo habia hecho todo y se lo pasaron teta jugando con las aplicaciones de sonido. El resto de la tarde, preparando una cena "de miedo" para completar la jornada.


 

Todo muy divertido y entretenido, pero habrá que ir teniendo algún plan B para futuras ocasiones. Por si acaso me vuelvo a animar demasiado.

Feliz Halloween. Mañana, un poco de historia.